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"Hay momentos en la vida, escasísimos, en los que un simple acontecimiento inesperado puede desencadenar un torbellino de consecuencias que cambien el destino de tu vida. Puede que incluso el de los que te rodean y hasta del mundo tal y como lo conocemos. Es difícil predecir la magnitud de los cambios que origine, tanto como de reconocer la ocasión cuando se presenta en tu vida y, en aquella soleada mañana, algo poco habitual había alterado la rutina diaria..."
La Rebelión de las Razas, Capítulo I (www.larebeliondelasrazas.com)
La Rebelión de las Razas, Capítulo I (www.larebeliondelasrazas.com)
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Última actualizacion Lun, 09/01/2012 - 22:15
(Microrrelato de 192 palabras. Género: Terror.)
El monstruo se escondía de la niña entre las sombras del sótano.
—Es mejor que no me veas; te asustarás.
—Quiero ayudarte. No me asustaré.
La pequeña acarició la espalda de la criatura sintiendo bajo su tacto infinidad de cicatrices. ¿Cuánto tiempo hacía que nadie se había acercado tanto a él? Estaba solo y, aunque nadie se planteara tal posibilidad, le asustaba su propia compañía. Quería recibir el calor de la niña; necesitaba un poco de compasión. Giró la cabeza para contemplar a su nueva amiga.
Aquella aberración de la naturaleza no podía ser la cara de un ser vivo. Las deformidades se agolpaban una sobre otra convirtiendo lo grotesco en desquicio. Demasiado incluso para el cándido corazón de la muchachita, que comenzó a gritar presa de la locura.
La frustración segó la esperanza de la bestia con la misma rapidez con que sus garras decapitaron a la criatura en un intento de silenciar sus alaridos. Sin perder un instante, hundió su orificio bucal en el sangrante cuello de la niña y sorbió con ansia.
“Al menos comeré esta noche”, se dijo mientras arrastraba el cuerpo de la pequeña hacia la oscuridad.
(Publicado originalmente en: http://dkmarcos.blogspot.com)
El monstruo se escondía de la niña entre las sombras del sótano.
—Es mejor que no me veas; te asustarás.
—Quiero ayudarte. No me asustaré.
La pequeña acarició la espalda de la criatura sintiendo bajo su tacto infinidad de cicatrices. ¿Cuánto tiempo hacía que nadie se había acercado tanto a él? Estaba solo y, aunque nadie se planteara tal posibilidad, le asustaba su propia compañía. Quería recibir el calor de la niña; necesitaba un poco de compasión. Giró la cabeza para contemplar a su nueva amiga.
Aquella aberración de la naturaleza no podía ser la cara de un ser vivo. Las deformidades se agolpaban una sobre otra convirtiendo lo grotesco en desquicio. Demasiado incluso para el cándido corazón de la muchachita, que comenzó a gritar presa de la locura.
La frustración segó la esperanza de la bestia con la misma rapidez con que sus garras decapitaron a la criatura en un intento de silenciar sus alaridos. Sin perder un instante, hundió su orificio bucal en el sangrante cuello de la niña y sorbió con ansia.
“Al menos comeré esta noche”, se dijo mientras arrastraba el cuerpo de la pequeña hacia la oscuridad.
(Publicado originalmente en: http://dkmarcos.blogspot.com)
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